Queridos Reyes Magos:
A estas alturas del año, aún no sé decirte si este año ha sido "x%jffgh#?$ldj" o en realidad ha sido el mejor año de mi vida. Sí puedo asegurar que ha sido uno de los más intensos y desestabilizantes que he conocido en los últimos 20 años de mi existencia.
Durante este año he podido volver a disfrutar durante días y días a mi familia unida bajo el mismo techo, a ratos disgustados por la situación y a ratos felices por la situación.
He perdido la tranquilidad laboral, he visto cómo, uno a uno, mis compañeros de trabajo han ido desapareciendo del lugar que hemos compartido durante años y me he sentido débil en ese mismo espacio muchos momentos. He tomado conciencia de la necesidad de reiniciar mi mente, de darle al reset repetidas veces y comprender que, a pesar de estar viviendo una época convulsa, me tocaba inventarme de nuevo, OTRA VEZ.
A veces me sorprendo a mí misma, cuando creo que ya no tengo fuerzas, de repente vienen a mí en hordas y soy capaz de pasar de la nada al todo y es aquí cuando, en realidad, veo que me gusta la caña y disfruto de cada pequeño sufrimiento que me supone alcanzar mis metas.
Así que así me veo, en plena pandemia y empezando de nuevo, mi PROYECTO, mi negocio y súper bien acompañada. Siempre a mi lado mi mitad, mi compañero de viaje, mi Antonio y por supuesto, mis orgullos, mis hijos.
Ahora ando en esa montaña rusa de emociones que suponen los inicios, que a veces nos asusta hasta casi paralizarnos y a veces nos hace movernos a la velocidad de la luz, llenos de adrenalina, esa que producen los sueños que se quieren materializar.
He ahí mi dualidad, a este año no sé si odiarlo o amarlo, porque en realidad, le debo el traerme de nuevo sentirme intensamente viva. También he comprobado lo fuerte que son mis hijos, han afrontado esta situación de una manera estoica y a pesar de los miedos internos que supongo han debido vivir, han sabido sacarle el máximo provecho. Han sido respetuosos con las reglas en todo momento, a veces incluso más que yo misma. Me ha sorprendido la madurez que han adquirido y les tengo que agradecer el amor que me han dado en los momentos más difíciles.
Así que, queridos Reyes Magos, para ellos pido que cada año se den más cuenta de las grandes personas en la que se están convirtiendo y que cada día practiquen más y más la empatía, para que sepan los beneficios de ponerse en el lugar de los demás y entiendan que es el ingrediente secreto de llegar a ser adultos felices. Listos ya son, así que no tengo duda de que alcanzarán todo lo que se propongan.
Y, por mi parte, pido saber aceptar a mis hijos como son y que me ayudéis a mirar desde la barrera sus decisiones y saltarla sólo en el caso de que ellos me lo pidan. Que me entere de una vez por todas que Mateo no quería su anterior nombre y ya es un hombre, que David es un visionario de él mismo y que Hugo no tenga ningún miedo de ser como es.
Para mi Antonio pido que siga siendo él, que de verdad meta mano a esos sueños que tiene, que disfrute de sus hobbies y que los desarrolle, que se dé cuenta del magnífico captador de imágenes y recuerdos que es y que aprenda a darle a cada cosa la importancia que se merece, para que gane en tranquilidad y felicidad.
Y todos estos deseos siempre es bueno completarlos con menudencias materiales que también nos hacen felices, sobre todo el momento de abrir los paquetes, porque no importa cuántos años tengamos, esa sensación de conocer lo que está envolviendo ese papel de colores chillones es lo PUTOMÁS. Así que, quiero estas cositillas, jejeje:
- Colonia Noa de Cacharel.
- Un teclado ruso para el ordenador.
- Barra de dominadas (para estirarme el cuerpito serrano)
- Zapatos de charol cómodos (nº 40)
- Un frigorífico pequeño para mi nuevo local (me encanta el tipo vintage, pero si no es posible, uno normalito al que le pondremos algún vinilo chulo)
Espero haber portado lo suficientemente bien este año y os espero con muchos nervios, como siempre.
Os mando besitos y abrazos, de esos de los de antes del coronavirus.
Eva (Evi para los que me quieren mucho)
San Pedro de Alcántara, 20 de diciembre de 2020.
