viernes, 12 de mayo de 2017

El jardín de Inés

El jardín de Inés


   Érase una vez una bonita pareja, que vivía en una ciudad sin mar, justo en el centro de un cercano país. 

  Él era un joven hombre de bien, un gran hombre en todos los sentidos, que derramaba amistad allá por donde iba. Ella era una bella y delicada joven, cariñosa y familiar, enamorada de las cosas bellas y con pasión por las flores.

  Sin duda, estaban destinados el uno al otro. El amor fue pícaro con ellos, se infiltró en sus corazones en forma de amistad, pero poco a poco fue desplegando sus fuerzas y los atrapó sin vuelta atrás.

  Era inevitable que se unieran, porque hay fuerzas que son imparables y lo celebraron en un sitio de ensueño, lleno de flores, como ella siempre soñó.

  Y la naturaleza, en agradecimiento, les obsequió con el más bonito de todos los ramilletes jamás pensados. Dos pequeñas flores brotaron del vientre de la bella joven, después de los cuidados del mejor de los jardineros, su joven amado. Un lirio y una rosa, predestinados a crecer juntos, con fragancias bien distintas, pero ambas embriagadoras.

  Pronto descubrieron que las flores son delicadas, unas más que otras, pero era tan gratificante verlas crecer que aprendieron a amar las delicadezas de cada una de ellas y esto le unió aún más.

  Es por eso, que el cielo y la naturaleza se han aliado para proveerles de luz y energía, que seguro sabrán utilizar para disfrutar de ese precioso pero difícil trabajo de hacer crecer a algo tan delicado.

  Y los que pasamos de puntillas, lejos pero cerca, cerca pero lejos, seguro disfrutaremos también de asomarnos a su precioso jardín.